Desde tu altura miro los tejados e imagino muchas vidas, veo la azotea cercana y la mujer que cuelga su ropa al viento, al estudiante en la ventana, al anciano perdido, al hombre mirando a la lejanía. Cortinas a cuadros, persianas verdes, azules,blancas.
Eres ventana abierta al mundo, un cuadro de vida, un útero joven que expulsa vida cada día. Desde tu suelo acogedor llego a la altura del viento y a la libertad del pájaro.
Floreces cada mañana, cada día te levantas con cara diferente, a veces contenta, a veces marchita, a veces lujuriosa, a veces recatada.
Ventana de mi ciudad, ciudad soñada, elegida entre todas las posibles. Ciudad donde el sol es sol porque es Mediterráneo, donde la brisa tiene sabor a sal, a mar, a barcos y marineros. Ventana que me ofreces montaña y mar en un golpe seco para decirme que la libertad tiene límites y que no hay lugar para lo infinito.
Recojo una hoja seca, corto una rama, huelo una flor. Fijo mi vista en el muro de enfrente y veo a esa gaviota que mira desafiante con el alfiler de sus ojos clavados en nuestro duelo. La gaviota posada en el tejado me dice donde estoy. Ciudad urbana y marinera, burguesa y canalla. Museo abierto al cielo.
Cada día me presentas este paisaje mío. Mio es el paisaje de coches, calles estrechas y apretadas, banderas desafiantes, carteles sin luces, espejos del destino, boarding pass de turistas. Bicicletas viejas y nuevas. Niños con bastas a rayas. Viejos comiendo carquiñolis. Paisaje de mi ciudad. Ciudad querida, buscada y encontrada.
Eres malecón y puerto, sitio soñado, verde y otoño, naufraga de soledades, testigo silencioso de la luna que aún aguarda, cama de cielo estrellado, perfume de jazmín, charla de verano, silencio apoyado en tu baranda.


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