Una Madre: Una Rumana

Mujer llorando

Sientes como crece. Crece el niño con la semilla traída de lejos. De donde hay hambre. De donde hay frío. De un sitio donde los niños lloran con mocos viejos. Crece el niño en el vientre pleno, redondo, expandido. Crece y tiene prisa por conocer lo nuevo.

Tu lo acaricias.  Lo temes y lo esperas.  Sabes que le darás la nada.  Le darás el todo: viejas historias, viejas palabras pérdidas que aquí nadie entiende. Palabras que te has traído de lejos sólo para él, sólo para ti.

Has tejido sueños trasparentes mientras lavas, mientras friegas, mientras te levantas con tu cuerpo dolorido, pesado y caliente. Sueñas y tienes miedo. Estás sola, en este mundo tan nuevo y en tu en tu interior se dibuja una cara que sonreirá pronto.  Tienes ganas de verla. La acaricias. Te pesa.  La sientes.  La quieres.  La temes.

Un golpe te quiebra. Te rompe. Otro, otro y  toda tu eres  dolor.  Llamas  y  nadie viene.  Miedo. Tu hombre te mira con ojos inútiles, vacíos, ojos que no te pueden hacer volar que no te llevan a ningún sitio. El mira al suelo, llamas y, de nuevo, nada.  Nadie se acuerda de ti. Nadie te lleva al lugar oculto estás sola, sola tu y solo él, tu compañero.

Sales.  Hace frío. Es de noche casi.  Andas aunque el niño no quiere.  Andas aunque no puedes. Andas y te doblas y te duele. Andas y tienes miedo. Joven pequeña de ojos grandes. Pecho turgente de leche que escapa. Sangre que sale  a borbotones. Andas y estás sola.

Un túnel oscuro te traerá el tren, una maquina te llevará.  Parada al paraíso. Sitio donde nacen los niños. No  llegas.  No puedes. Todo se rompe en tu interior.  Te miras las piernas, llenas de lagrimas, llenas de mares y ríos, llenas de inundación y de vida. Te tumbas. No puedes.  El te sigue mirando.

Te tumbas.  No puedes.  Quieres una mano, una madre, una abuela, un fuego caliente a tu lado, una caricia en la frente.  Quieres que no te duela,  una cuna mullida,  tumbarte tranquila mordiendo la sonrisa que te traerá la vida, quieres arropar al niño, lamerle en soledad, llorar tu olvido, pero no puedes.

Tu hombre te  mira. Llora. Quiere que no duela tanto, quiere protegerte. Mira alrededor, y se pregunta cómo  llegó aquí,  como volver atrás. Quiere que te ayuden princesa. Quiere que no duela tanto.

Pasa la gente.  Pasa y mira con indiferencia: no  pares puede haber problemas, son de fuera, son otros, paso rápido, hay trabajo. Paso rápido y no miro, y no sé y no siento.

Nace el niño, nace con la vida que puede, con el llanto que sabe y le coges rápida. Es  para ti, es tuyo, le quitas del frio suelo para acercarlo a tu pecho.  Le apartas de las miradas que no le merecen. Llegan las sirenas, ahora sí,  te recogen.  Te acompañan, a ti y al niño, semilla venida de lejos. Ahora caen lágrimas de tus ojos, las pocas que quedaron por salir, caen lágrimas.

Chabela Romero

PDT: Un día frío de Febrero,  hace más de 3 años, una  Rumana dio a luz en el metro. Oigo como lo cuenta llorando, nadie la quiso recoger en su casa. Cogieron el metro, en el andén nadie se paró a ayudarles.

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