Hace un par de años en un hotel de Barcelona, me encontré con Paul Auster cara a cara. A pesar de que no soy nada mitómana, no pude evitar sentir una honda emoción. ¡Uno de mis autores favoritos, sentado ahí enfrente!.
Es un hombre alto, de grandes ojos e igual igualito que las fotos que nos ofrece la editorial que publica sus libros, igualito, igualito.
Lástima que el encuentro fuese hace ya un par de años y no hace unos meses, porque de haber sido así me hubiese acercado a él con los brazos en jarras exigiéndole que me explique por qué demonios ha escrito un libro tan inconexo y poco interesante cómo este.
¿Sequia creativa?, ¿falta de interés?, ¿presión de la editorial?, ¿ganas de jorobar al personal?. No sé qué pensar, pero en todo caso lo que no puedo entender es cómo un escritor puede dedicar más de 20 pág de un libro a contarnos con pelos y señales la película de el increíble hombre menguante. Esto se entendería si el escritor añadiese algún comentario interesante, tipo: en esa época yo también tenía miedo de menguar y eso hizo que la peli inundara mi alma de congoja ¡pero no! Se limita a contar la peli entera y ya está.
Imaginaros que yo, en este post, me dedicase a contar El Lobo (es la que más me ha impresionado últimamente) y empiezo: es un brocker que salió de la nada…., la poli le persiguió…., la chica era guapa pero…. ¿Qué me dirías?.
No acaba aquí la cosa, porque la última parte del libro está dedicada a publicar las cartas de Paul a una ex novia que ha sido lo bastante caritativa como para devolvérselas. Además de caritativa muy buena la chica, porque yo las suelo romper en aceda y tirarlas por la ventana.
Las cartas son tipo: Querida Loli: hoy hace mucho frio. He desayunado un tazón de café con leche y luego me he puesto el jersey que me tejió la tía Antonia, que en Paz descanse, porque es bastante calentito aunque pique un poco. Eso, más o menos, pero en americano. ¡Vamos! ¡Nada que ver con las de Sartre a Castor!.
De verdad de la buena que no puedo entender que este maravilloso escritor nos suelte un libro cómo este. Lo devoré porque pensé que al final habría algún truco y todo el texto tomaría sentido. Pero el libro no se arregla más que en la contra-portada .
¡Paul! , no me lo vuelvas a hacer más. Me encanta toda tu obra. La he disfrutado y corro a la librería cada vez que sacas algo nuevo. Pero si a partir de ahora vas a contarme las pelis que viste de pequeño, soy capaz de vengarme y contarte toda la obra de Cantinflas que me trague yo en mi infancia mientras comía pipas en el cine de verano y de enchufarte sin piedad las cartas de mi novio del pueblo (esas no las tire porque me daba cosa).


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